Aquel 24 de marzo aprendí que el amor más profundo también puede ser una súplica de despedida. Una reflexión sobre el dolor, el perdón y la herencia de unos ojos verdes que se quedan tatuados en el alma.
Aquel 24 de marzo aprendí que el amor más profundo también puede ser una súplica de despedida. Una reflexión sobre el dolor, el perdón y la herencia de unos ojos verdes que se quedan tatuados en el alma.