COLECCIONES PARA PAPÁ

REZÉ PARA QUE MI PADRE MURIERA

Cada vez que me veo en el recuerdo, arrodillada pidiendo alivio para mi padre, me desconozco. Todo lo que más me duele —y ha dolido en esta vida— es saber que nunca más podré volver a mirar a sus ojos. No podré caminar a su lado y ser su bastón; no podré regalarle zapatos, ni invitarlo a un tinto, ni cenar con él, ni sentir sus abrazos. Ese “nunca más” duele de forma descomunal. Extraño un pasado que cada vez se aleja más y un futuro que nunca podrá ser.

Padre, aun hoy, mis fuerzas de estar acá son más grandes que las de ir a donde estás tú. Nunca pensé que rezaría e imploraría para que te fueras de mi lado, aunque esa fuera a ser la cicatriz más profunda en mi alma. Pero perdón; nunca quise que sufrieras por estar acá. Merecías un lugar sin dolor. En esa habitación del hospital, aquella tarde del 24 de marzo, sentí que te ibas, que escapabas como el aire. Tus manos acariciaron mi rostro con un amor que no necesitó palabras; ambos sabíamos que eran nuestros últimos encuentros.

Han pasado casi tres años y hoy entiendo que este peso no es debilidad, sino amor profundo. Soy una parte de ti, una extensión de tu vida que sigue caminando. No puedo garantizar una fecha en la que el dolor se detenga, porque mi amor por ti no puede ser borrado ni medido por el paso de los meses o los años. Mi duelo es el eco de lo que fuiste.

Espérame. Estoy segura de que nuestros ojos verdes podrán volver a mirarse. Solo dame tu bendición para seguir caminando con esta herida que es, al mismo tiempo, mi mayor tesoro. Gracias a ti soy, seré y fui.

Con todo mi amor, Tu hija.

Tras el punto final...

Sigue el hilo…
Más Escritos

© 2026 GOA Media. Todos los derechos reservados. El contenido de este sitio, tanto literario como informativo, es propiedad exclusiva de GOA Media. Su reproducción total o parcial está prohibida sin autorización expresa.

Scroll To Top