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LA LOTERÍA DEL POMO
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LA LOTERÍA DEL POMO

Herencia del dolor: fotografía artística en blanco y negro que muestra un taburete rústico con una cuerda de cáñamo enrollada en primer plano, mientras al fondo se proyecta la silueta sombría de una persona atrapada tras una tela translúcida, presionando sus manos en un gesto de angustia y súplica que simboliza la violencia psicológica y la fragilidad del alma ante el trauma.

—Marcos. Ábreme la puerta. Vamos. Rápido. Sé que estás ahí. No seas tímido. Vamos, abre—

Son palabras que la vida supo tatuarme con pinzas, dejando una marca viva, ardiendo en mi ser. Soy, por derecho y condena, un esclavo de mi propia vulnerabilidad. Nunca aprendí el arte de defender mi alma, ni supe reclamar la vida que se me concedió. Si el devenir tenía este guion preparado para mí, hubiera preferido que se lo entregaran a otro; a alguien con la piel más gruesa, con el espíritu menos roto. ¿Sufrir? ¿Acaso es esa herencia del dolor mi único legado? Me dijeron que los regalos eran baños de agua termal para el alma, caricias de fortuna. Pero mis regalos siempre llegaban con colmillos: me arrancaban la piel y borraban mis sonrisas antes de que pudieran nacer. Nunca he sonreído; me siento un impostor ante un privilegio tan alto.

Me pregunto si la felicidad existe de verdad. Quizás es solo una lotería cruel: todos compramos el boleto con la esperanza intacta, pero el premio solo le toca a unos pocos elegidos. Mi cuerpo no es un templo, es el vestigio hostil de un recuerdo; el escenario de noches sepulcrales en las que mi alma se fugaba por las grietas, añorando, con un hambre voraz, no tener que volver jamás. Y todavía hoy, el eco persiste:

—Marcos, vamos. Abre.

El terror me inunda, me vuelve líquido. Me quedo inmóvil, mirando el pomo de la puerta que empieza a girar. Y en el silencio de mi celda, me pregunto: ¿habrá alguien, en algún lugar de este mundo ciego, que sea capaz de salvarme?

 

 

Tras el punto final...

Sigue el hilo…
Relato de una promesa rota: Jaula antigua envuelta en llamas bajo un cielo naranja de atardecer. Ilustración conceptual sobre la liberación emocional y el fin del tormento en La Jaula Negra.
LA JAULA NEGRA
Fotografía de ambiente en plano medio que muestra el rincón de una cocina sumida en una penumbra profunda y lúgubre, donde la única fuente de luz proviene de una ventana con rejas de diseño rústico en el centro; la luz, filtrada y de un tono amarillento lánguido, ilumina una silla de plástico solitaria y una mesa desolada, simbolizando la ausencia, la invisibilidad y la soledad que vuelve polvo al ser.
LA MESA PARA UNO
La última vela somos nosotros: Ilustración surrealista de una persona encima de un reloj con mirada melancólica y profunda que sostiene entre sus manos una esencia luminosa y frágil que representa el alma. Diversos relojes de arena flotan en una nebulosa oscura, simbolizando el despojo de la piel y el tiempo en el proceso de transmutación del ser.
LA ÚLTIMA VELA SOMOS NOSOTROS
La paradoja humana: Paisaje minimalista envuelto en una niebla densa y blanca que desdibuja el horizonte, donde se ve la sombra de una figura humana, representa la dualidad entre lo eterno y lo mortal, ilustrando la orfandad de identidad y la esencia etérea del alma humana.
EL INVENTARIO DE LA NIEBLA
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