Dicen que el pueblo se quemó por la cruz de esa mujer. O quizás, simplemente, se consumió en su propio miedo al verla pasar. Todos en esas calles de piedra sabían qué hacer al pie de la letra si se la cruzaban: bajar la mirada, persignarse contra el aire y borrarla del horizonte antes de que sus ojos café oscuro —esos que saben con qué fuego han mirado a sus amores— pudieran devolverles la realidad.
Ella es de carne y hueso, tan pecadora como el resto, pero sobre sus hombros pesa el decreto de lo descartado. Su rostro ha visto desfilar a seres terrenales que la miden con desprecio, inquisidores de asfalto que se preguntan: ¿Qué ha hecho esta mujer para merecer el destierro?
Su delito fue seguir. Seguir después de la tragedia, habitar la orilla de la herida abierta sin dejarse desangrar y, sobre todo, negarse a ser una sombra. La acusan de ser culpable de mucho y de nada; la condenan por ser mujer de otro hombre cuando el manual del purismo exigía un luto eterno, seco y estéril.
Las abuelas, guardianas de una moral de cementerio, se santiguan al verla. Ella solo camina. Su corazón, curtido por el rechazo, finge no ver el vacío que le abren al paso. Ha construido su casa en la cima de un volcán furioso y eso es lo que no le perdonan: que prefiera el calor de la lava viva al frío de una tumba compartida.
Sus pasos la han llevado a lugares que ahora le prohíben, donde su nombre se intenta borrar con la facilidad del olvido forzado. No es bienvenida. Su sola presencia condena a un pueblo de “creyentes” que no soportan ver a alguien que elige ser la vida y no solo verla pasar desde la barrera del juicio.
Es una mujer de acero, habitada por la timidez de quien se sabe observada por mil ojos, pero movida por la terquedad de un alma que solo quiere amar. Es la fragilidad indomable de quien enviuda en una sociedad que exige que la mujer muera con el marido. Pero ella, terca y humana, decide florecer en un jardín nuevo. Sabe que hablan, siente el muro de piedra del rechazo, pero cada mañana decide salir a la LUZ, recordándole a los puristas que el amor no es un contrato de una sola firma, sino un incendio que tiene todo el derecho de buscar un nuevo destino.
Texto elegido: Línea De Corte / Mes Agosto 2026
Revive la Línea de Corte de Junio aquí. https://thegoamedia.com/escritos/bextial-ciencia-ficcion-oscura/
Tras el punto final...





