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MORIR: UNA SENTENCIA PARA LO FEMENINO
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MORIR: UNA SENTENCIA PARA LO FEMENINO

Fotografía conceptual en blanco y negro de una mujer de espaldas, con las manos atadas por una cinta roja vibrante, en una habitación de hormigón desgastado. A su izquierda, se proyecta una sombra masculina amenazante sobre la pared. Una metáfora visual de la violencia patriarcal y el miedo habitado.

3 de agosto de 2022. La muerte no solo nos toca; nos habita.

Todas convivimos con los miedos más oscuros: la hipersexualidad impuesta, el naufragio de una educación que nos ignora, lo hostil, lo lúgubre. Hoy alzamos la voz por las que ya no están y por las que, resistiendo, cargamos con un pulso tembloroso. Por las abuelas, las madres, las amigas.

Querida muerte: no vengas hoy. No toques nuestras puertas para congelar sonrisas que apenas están aprendiendo a brillar. Nos obligan al silencio, a la obediencia, al cedazo constante del miedo. Porque en este sistema, vivir es un placer de linaje masculino, mientras que morir es la sentencia de lo femenino.

Nos habita un desasosiego crónico. Queremos gritarle al mundo que no es nuestra culpa nacer en una sociedad que ha normalizado el exterminio, el abuso y el roce que profana. Hay historias que se cortaron antes del nudo; sueños que jamás conocerán su desenlace. Quisimos hacer historia, pero nos emboscó una violencia patriarcal voraz, ruin y despiadada.

A los culpables: que el remordimiento sea su incendio. Que se autodestruyan bajo el plomo de sus actos y dejen de respirar el aire que nos arrebataron. Tal vez —y solo tal vez—, si logran redefinir su masculinidad desde la raíz, podamos algún día coexistir.

No somos las culpables. No digan que no luchamos hasta el último aliento. Esta es la marca de quienes, llamándose hombres, jamás soportaron nuestra existencia.

No nos olviden.

Tras el punto final...

Sigue el hilo…
Fotografía de una mujer de espaldas con un vestido rojo largo, caminando sola por un inmenso campo de trigo verde. Al fondo, un cielo dramático cubierto de nubes negras de tormenta. La imagen evoca una profunda sensación de soledad y desamparo emocional ante la incertidumbre del horizonte.
LITURGIA DEL DESAMPARO
Vida ausente: Un hombre observa desde la penumbra escenas borrosas de su identidad detrás de un telón. Ilustración conceptual sobre la ruptura del código entre el corazón y el cerebro en The GOA Media.
CRÉDITOS DE UNA VIDA AUSENTE
Ilustración realizada a lápiz en grafito sobre fondo blanco. Se presenta un retrato frontal en primer plano del rostro de una mujer de cabello oscuro, ondulado y peinado hacia atrás. Sus ojos abiertos miran fijamente al frente con una expresión intensa que transmite resolución frente al juicio social a la mujer, con trazos sombreados marcados en las cejas, la nariz y los labios.
LA VIUDA DEL VOLCÁN
La última vela somos nosotros: Ilustración surrealista de una persona encima de un reloj con mirada melancólica y profunda que sostiene entre sus manos una esencia luminosa y frágil que representa el alma. Diversos relojes de arena flotan en una nebulosa oscura, simbolizando el despojo de la piel y el tiempo en el proceso de transmutación del ser.
LA ÚLTIMA VELA SOMOS NOSOTROS
Retrato en primer plano de un hombre mayor con piel surcada de arrugas profundas y una sonrisa cálida que muestra sus dientes. Viste una gorra de paño oscuro, una chaqueta gruesa con cuello de textura de lana y una camisa a rayas bajo un jersey. El fondo es una pared blanca desgastada con grietas y una rama seca a la derecha. Una imagen que evoca la pérdida del padre a través de la serenidad y la vejez.
RECÉ PARA QUE MI PADRE MURIERA
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