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EMILSEN, 67 AÑOS. MEDELLÍN. COLOMBIA
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EMILSEN, 67 AÑOS. MEDELLÍN. COLOMBIA

Emilsen en un bus de Medellín: Fotografía cinematográfica que presenta un retrato detallado de una mujer de 67 años con peinado geométrico y mirada profunda en un bus de Medellín; su postura rígida y botones alineados reflejan la lucha por mantener el orden personal frente al caos urbano y el transbordo infinito.

Contexto: La ruta de la salud. / Etiqueta: Resiliencia geométrica.

El ritual comienza frente al espejo, mucho antes de que el primer bus sople su ráfaga de humo negro en la esquina. Emilsen se peina con una precisión de relojero: el cabello recogido exactamente a la mitad y el capul alineado, firme, como un escudo invisible contra el desorden del mundo. Pase lo que pase afuera —diagnósticos, trancones o lluvias torrenciales—, su imagen en el reflejo debe ser una constante. Luego viene el saco. Abrocha cada botón de arriba hacia abajo, verificando que los ojales no cedan, asegurándose de que nada quede fuera de su sitio.

La urbe para ella no es una ciudad, es un transbordo infinito. El primer bus la deja en el rugido del Metro; allí, el cuerpo de Emilsen se vuelve pequeño entre la multitud que corre hacia los vagones, pero su espalda se mantiene recta. Un segundo bus cierra el trayecto hasta la clínica. Es una coreografía de concreto que le toma horas, un viaje donde  se mide la distancia entre su casa y la sala de espera.

El regreso es la parte más dura de la jornada. El bus de vuelta huele a combustible y a frenazos bruscos. El balanceo de la carrocería sobre el asfalto de Medellín le revuelve el estómago; el mareo sube por su garganta y las náuseas intentan quebrantar su compostura. Emilsen cierra los ojos, aprieta las manos sobre su bolso y respira lento, contando los segundos.

Al bajar, camina los últimos metros con la fatiga pesándole en las rodillas, pero cuando cruza el umbral de su puerta, el capul sigue intacto y los botones de su saco perfectamente alineados. La ciudad no ha logrado desarmarla. Emilsen entra en la penumbra de su sala, se quita el saco con la misma precisión con la que se lo puso y, por fin, permite que el silencio de la casa sostenga el cansancio que la calle no pudo ver.

¿Cuál es el peso de esta realidad hoy?

Cartografía Social

Soledad hiperconectada: Fotografía cenital de alto contraste sobre un cruce peatonal. Una marea humana de cientos de transeúntes, reducidos a siluetas desde las alturas, atraviesa de forma asincrónica las gruesas franjas blancas de un paso de cebra. La composición resalta el asfalto gris oscuro, vehículos de colores sobrios detenidos y la señalética vial, creando una retícula mecánica donde el individuo se disuelve en un flujo de movimiento masivo y geométrico.
ROSTROS DE SEMÁFOROS
Identidad digital: retrato abstracto en tonos azules saturados de una silueta humana difusa frente a un dispositivo móvil. El fuerte grano fotográfico y el resplandor de la pantalla crean una atmósfera eléctrica donde los rasgos físicos desaparecen, dejando solo la forma del sujeto interactuando con la tecnología.
IDENTIDAD NÚMERICA
Fotografía de calle en blanco y negro con un marcado contraste lumínico. Una masa de transeúntes cruza una avenida bajo la sombra de una estructura elevada; las siluetas oscuras se recortan contra el asfalto brillante, destacando la inercia del movimiento colectivo en la ciudad.
EL GRADO CERO DEL ROSTRO
Trinidad en la vega central de Santiago: Imagen de una mujer joven cargando a su bebé en el pecho envuelto en tela; lleva un morral negro y sostiene bolsas plásticas con verduras. Al fondo, la plaza de mercado con canastas y personas en tránsito.
TRINIDAD, 25 AÑOS. SANTIAGO. CHILE
Simón en Barcelona: Imagen de un joven de 22 años con cabello azul turquesa, visto de espaldas mientras recorre en monopatín un callejón gótico del barrio del Born. Lleva una guitarra eléctrica negra colgada y audífonos, rodeado de fachadas de piedra y balcones de hierro.
SIMÓN, 22 AÑOS. BARCELONA. ESPAÑA

PÁGINAS ADENTRO, DESCUBRE NUESTROS ESCRITOS

La paradoja humana: Paisaje minimalista envuelto en una niebla densa y blanca que desdibuja el horizonte, donde se ve la sombra de una figura humana, representa la dualidad entre lo eterno y lo mortal, ilustrando la orfandad de identidad y la esencia etérea del alma humana.

EL INVENTARIO DE LA NIEBLA

Reflexión sobre la herencia de las botas pantaneras en el campo colombiano.: Fotografía artística en blanco y negro que muestra la habitación humilde de un campesino; en primer plano, unas botas pantaneras de caucho desgastadas esperan junto a una mesa donde reposa un radio antiguo, mientras al fondo se observa la silueta del trabajador descansando en su cama, simbolizando la pausa necesaria tras la labor y la fidelidad de sus herramientas.

MI ÚNICA HERENCIA

Fotografía conceptual en blanco y negro de una mujer de espaldas, con las manos atadas por una cinta roja vibrante, en una habitación de hormigón desgastado. A su izquierda, se proyecta una sombra masculina amenazante sobre la pared. Una metáfora visual de la violencia patriarcal y el miedo habitado.

MORIR: UNA SENTENCIA PARA LO FEMENINO

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