Soy una luna que se atreve a salir de día; una mariposa que se empeña en volar a contraviento. Soy la anomalía de lo que no debería existir: un mar sin agua, una guitarra sin cuerdas, una canción que ha olvidado su propia melodía. Soy un cielo sin azul, una brújula que ha renunciado al norte y un invierno seco que no conoce la lluvia. Soy, tal vez, la encarnación de un amor inalcanzable.
Quizás, en el fondo, sólo soy un corazón en silencio que intenta descifrar el latido de tu corazón a la distancia.
Tal vez no estaba preparado para ti, pero llegaste a iluminar mi sonrisa y a recomponer un camino que yo ya daba por perdido. Quizás soy la persona adecuada en el lugar equivocado, pero me sostiene el deseo ardiente de encontrarte nuevamente; de seguir tu rastro hasta perderme en ti y sentirme, por un instante, tan grande como el universo, aunque en realidad sea solo un grano de arena en la inmensidad de tu desierto.
Juro que eres, y serás, el gran amor de mi vida. Te lo prometo.
Tras el punto final...




